Casa de la Beata

        Debe su nombre a ser la residencia, en tiempos, de la persona encargada de atender el cuidado del Santuario. Hoy día es el fruto del amor y el trabajo de todos para con Nuestra Patrona, prueba tangible de
 la vida de Valvanuz. En 1990
 se terminó su reconstrucción,
 convirtiéndose en Casa-Museo.
 Destaca en su exposición
 permanente un retrato al óle 
de Dn. Ramón  José de                      
Arce y Rebollar, Arzobispo de Burgos y Zaragoza entre 1798 y 1801, que fue desterrado a Francia, país donde murió. El cuadro mide 1,50 x 1 m., habiendo expertos que afirman que puede ser una de las obras
 desconocidas del Maestro Goya,
que se sabe fue un protegido del
arzobispo. Al pie de la obra rez
la inscripción acreditativa del 
 Ilustre Prelado, hijo de Selaya.
También es de gran mención el

Museo de Amas de Cría Pasiegas
instalado en la sala Marcial Zamanillo
, que pretende reconocer el papel
histórico de la figura de la matrona
                                          


pasiega en la región y convertir su legado en patrimonio cultural. Recoge una valiosa colección de 300 fotos de amas de cría pasiegas, que datan desde 1880 hasta 1936. Además, se exponen sus trajes más característicos, cuenta con una biblioteca con todos sus fondos bibliográficos, y diversos folletos y trípticos.


Se trata de la historia de mujeres de la comarca pasiega que, hace décadas, se ganaron la vida dejando a sus bebés para alimentar a otros. En algunos casos, futuros reyes, y, siempre, nobles o gente de posibles de las grandes ciudades de finales del siglo XIX y principios del XX. Sus imágenes se pueden ver en este museo. En la muestra se enlazan, en blanco y negro, las historias de unos niños de sagas ilustres y las de sus nodrizas. Madrid, Barcelona y Bilbao fueron algunos de los destinos de centenares de madres de las montañas pasiegas, que tras parir, cambiaban su paisaje verde por importantes casas donde permanecían hasta que los bebés no las necesitaban.

Ellas han sido pioneras, junto con el resto de las madres, en demostrar el valor de la lactancia durante los primeros meses de vida del bebé para generar hombres y mujeres más sanos en su desarrollo vital.

Estas mujeres salieron de su entorno familiar cerrado, en el que solo conocían los desplazamientos estacionales de una cabaña a otra, la bajada o subida al mercado semanal más próximo (Selaya, Vega de Pas, Espinosa de los Monteros) para vender huevos, manteca y quesos, y comprar productos de primera necesidad como harina y sal.

Hay que reconocer en ellas ese valor de salir fuera de su hábitat. Dejaban atrás todo (sobre todo hijos) y marchaban hacia un mundo totalmente desconocido como es la ciudad o la propia Corte. Pasar de un tipo de vida sencillo, sin lujos, a una vida aparentemente regalada, en la que por periodos de dos o tres años no volvían a su casa, era difícil.

Es complicado saber qué pensaban o sentían, cuánta añoranza tenían por la familia que abandonaban, todo este conjunto de sentimientos que ellas albergaban queda encerrado en el pasado, pues se desconocen esas parcelas, pero queda constatado que fueron un gran eslabón dentro de la economía de subsistencia familiar en el que había muchas bocas que alimentar.

Unir pasado, presente y futuro forma parte de este proyecto ambicioso, sobre todo teniendo en cuenta que estas mujeres anónimas no sólo han representado el papel de amas de cría sin más, sino un símbolo para la mujer actual que tiene que convalidar trabajo con lactancia materna

 

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